jueves, 5 de febrero de 2026

Gran espectáculo el que nos ofrecieron Jesús Alaní y Delmer López, "Cantos Sin Fronteras"

Jesús Alaní y Delmer López
La sala del Gaztetxoko de Erandio se fue llenando poco a poco, hasta quedar casi completa. No era un gran escenario ni hacía falta: el público estaba frente a frente con los artistas, a una distancia mínima, como si la música y la palabra fueran a decirse al oído. Así comenzó "Cantos sin Fronteras", una velada íntima que organizamos Honduras Etxea en la que la emoción viajó sin pasaporte.

Antes de que la noche tomara su pulso definitivo, el cantautor colombiano MindlessHell abrió el encuentro con una propuesta contemporánea y personal. Sus canciones prepararon el terreno, creando un clima de escucha atenta, de silencio compartido.

Luego llegaron Jesús-Alani Gutiérrez y Delmer Dagoberto López Moreno. El trovador patepluma y el poeta. La guitarra y la palabra. Desde el primer acorde quedó claro que aquello no sería solo un concierto, sino un acto de memoria y de encuentro. Alaní cantó con una voz que parecía venir de lejos, con vibratos, falsetes y una técnica que no busca lucirse, sino sostener la emoción. Mientras Delmer iba sembrando poemas, relatos y reflexiones que daban cuerpo a cada canción.

El repertorio cruzó lenguas y territorios: español, francés, italiano, portugués de Cabo Verde. Sonó Bella Ciao, y no como una pieza del pasado, sino como una canción viva, necesaria, que sigue nombrando la dignidad y la resistencia. En otros momentos, la música se volvió homenaje y recuerdo: Berta Cáceres estuvo presente, no como un nombre solemne, sino como una ausencia que sigue hablando.

Hubo canciones al amor y a la música, a la infancia y al futuro. Canciones que nombraban la inclusión, la interculturalidad, el deseo de un mundo donde las niñas y los niños puedan crecer sin miedo. Al percibir un público joven entre las primeras filas, los artistas compartieron también canciones infantiles propias de Honduras, llenando la sala de una calidez sencilla, casi familiar.

Las raíces tuvieron un lugar central. Sonaron canciones de su tierra, especialmente del departamento de Santa Bárbara, que trajeron consigo paisajes, acentos y memorias. Por momentos, parecía que la distancia entre Honduras y Erandio se desdibujaba, como si la música tendiera un puente invisible entre orillas.
"Cantos sin Fronteras" fue una noche pequeña en tamaño y grande en significado. Una noche para recordar que la cultura también es abrigo, que la música puede ser un gesto de resistencia y que, incluso en tiempos inciertos, sentarse a escuchar juntos sigue siendo un acto profundamente necesario.

Cuando el último acorde se apagó, quedó en el aire la sensación de haber compartido algo frágil y necesario: un espacio donde la palabra no separa, la canción no excluye y la memoria sigue cantando.
Por último, no queríamos cerrar este post sin dejar de agradecer a Daniel Zepeda, nuestro cónsul de Honduras en Bilbao, y a su equipo que estuvo presente. La verdad es que fue un honor y un placer su presencia, teneros con nosotras y nosotros.

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